La película
Juntar a Charlie Kaufman ("Cómo ser John Malkovich", "Adaptation") con Michel Gondry (algunos de los mejores videoclips de siempre) fue como juntar lo mejor de cada casa para regalarnos una maravilla, de esas donde rescatas imágenes para el recuerdo, frases para el blog, momentos que rezuman verdad y motivos para querer llorar.
Dicen las estadísticas que el treinta y cinco por ciento soñamos con un amor de película, pero aquí no vemos eso, no hay beso final ni violines. Sólo una historia marcha atrás, hacia el inicio de todo, para descubrir el valor de las personas. Con un actor, Jim Carrey, que sabe contener con la misma brillantez con la que se excede. Con una actriz, Kate Winslet, que insiste en enamorarme en cada una de sus películas. Con un virtuosismo visual que nace de la mente de un genio, una banda sonora que se repite en tu cabeza y un guión que rompe la continuidad para sumergirnos en el enredo de nuestros pensamientos.
Porque a veces deseamos no guardarnos aquello que nos hace daño. Y porque un recuerdo compartido siempre muestra dos lecturas. Pero todo aquello que vivimos nos construye, y querer olvidar es querer negar lo que vemos en el espejo. Consiste en abrirnos a lo bueno y reconocer en lo malo que no somos perfectos, que fue bonito, y que lo bonito es la suma de varias caras, porque fue real.
El momento
Ella se marcha por el pasillo. Herida. Él sale en su búsqueda, y le pide que espere, no sabe por qué, pero sólo quiere que espere. Un rato. Y ella dice "vale".
En ocasiones un "vale" es suficiente.
La frase
"Vuelve y al menos inventa una despedida. Finjamos que la tuvimos."
El diálogo
- No me cuentas nada, Joel. Yo soy un libro abierto... Te lo cuento todo. Cada puñetera y vergonzosa cosa. No confías en mi.
- Hablar sin cesar no significa comunicarse.
- Yo no hago eso. Quiero conocerte.
- Mmmm...
- ¡No hablo sin cesar! Joder, las personas deben compartir cosas. Eso es tener intimidad. Me cabrea mucho que hayas dicho eso de mí.
- Lo siento, es solo que mi vida no es muy interesante.
- Quiero leer los diarios en los que siempre garabateas, ¿qué escribes en ellos si no tienes ni ideas, ni pasiones ni... amor?
Nota
El título nace de un poema de Alexander Pope cuya estrofa queda traducida así:
¡Feliz es el destino de las vírgenes vestales!
Pues olvidan el mundo y el mundo las olvida a ellas.
¡Brillo eterno de la mente inmaculada!
Cada oración aceptada y cada deseo renunciado.
Extraordinaria, de fin a principio.
ResponderEliminars777