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sábado, 30 de abril de 2011

Elegy


La película

Para algunos será su mejor película y a otros les dejará fríos. Unos la encontrarán lenta y otros se verán reflejados. Los hay amantes de la novela e indiferentes al estilo de Coixet. Y viceversa. A mi gusto, dos muy buenas interpretaciones: Ben Kingsley es un animal de la pantalla y Penélope Cruz está a su altura. Una historia narrada con pulso y suma delicadeza para tratar temas como la seducción, la obsesión, los celos y ante todo el miedo. Miedo a la pérdida, al paso de los años y a la toma de un compromiso.

'Elegy' está cargada, como todo el cine de Coixet, de pequeños diálogos que te piden dar al pause y rebobinar para escucharlos dos o tres veces más, caer en la cuenta de lo mucho que se puede decir con tan poco, y seguir con el metraje. Está cargada también de imágenes, y aunque parece de perogrullo, cuando al terminar una película recuerdas planos, momentos y fotogramas cargados, entre otras cosas, de poesía, ahí hay algo.

 

En un seminario sobre publicidad hablaban de esta directora como de alguien que lograba condensar la esencia del mensaje en un mínimo detalle. Cuesta conciliar esta visión con los momentos en los que recoge sus Goyas, pero hagamos el esfuerzo, porque parece desnudarse en cada una de sus películas y en cada uno de los personajes que trata en ellas.
 
El momento

El montaje en paralelo de escena en la playa y la conversación del protagonista con su amigo, en donde hablaban de la invisibilidad de las mujeres guapas.

El diálogo

- ¿Te has imaginado alguna vez un futuro conmigo?
- Un futuro conmigo me asusta.
- ¿Te asusta?
- Sí.
- ¿Por qué?
- Porque hay una diferencia de treinta y tantos años entre tú y yo... tú tienes toda la vida por delante y... sólo es cuestión de tiempo hasta que tú también te des cuenta.
- No te he preguntado qué iba a hacer yo sino qué querías hacer tú conmigo.

Lo mejor y lo peor

Lo mejor su fotografía, intuida en mi caso, por no haberla visto con la calidad merecida. Lo peor ciertos encuadres cámara al hombro, en los que no sé si culpar a la propia Coixet por empeñarse en ser ella misma la operadora de cámara.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Poderosa Afrodita


La película

Woody Allen tiene la manía de hacer películas como churros y lograr que me gusten todas. Unas serán más flojas y otras le saldrán más redondas, pero el tío tiene el don de copiarse sistemáticamente a sí mismo y lograr en cada obra un resultado sorprendentemente diferente. 

'Poderosa Afrodita' aborda un tema del que bien podría salir un dramón, como la búsqueda que hace un padre adoptivo de la madre biológica del niño, y lo resuelve desde la sencillez de manera magristral, con momentos de absoluta genialidad en los diálogos, un verdadero caramelo en el personaje secundario de Sorvino y un verdadero acierto al equiparar el argumento a una tragedia griega.


Ubicar al personaje de Allen dentro de un anfiteatro o traer a personajes de Edipo al corazón de Manhattan (el encuentro con Tiresias es muy cachondo) aportan frescura a una narracion esencialmente en clave de comedia pero que no obstante termina con un sabor agridulce y profundamente vital que enraiza con el mejor cine de Allen. Es lo que lo convierte en el gran retratista que es.  

Los momentos 

Cualquiera de las coreografías del coro, y el uso del Deus ex machina como elemento a su favor. Brillantes ambos por lo absurdo, pero perfectamente justificados en una historia de este tipo. 

El diálogo

- ¿Nunca has pensado en tener un trabajo estable?
- Pero si ya lo tuve. Sí, ya hice cosas, hice de camarera, trabajé en un salón de masajes, en sexo por teléfono, de cuando en cuando me hacía algún un cliente para sacarme un poco de pasta. Y un día me llamó mi amiga Susie por si quería salir en una película titulada "La vulva alegre". Le dije que sí y... recuerdo que estaba muy nerviosa porque nunca lo había hecho delante de gente y con una cámara, ¿sabes? Y ahí me tienes el primer día en el plató, y aquel tío follándome por detrás, ¿sabes? Y otros dos tíos enormes vestidos de poli dentro de mi boca a la vez, y recuerdo que pensé para mí misma: "Me gusta ser actriz. Quiero estudiar".
- Sí, bueno, es una... es una manera de entrar en la profesión.

El dato

La maldición del Oscar para Mira Sorvino, una actriz hipertalentosa de la que poco se ha vuelto a saber desde entonces.

lunes, 14 de febrero de 2011

Eternal sunshine of the spotless mind


La película

Juntar a Charlie Kaufman ("Cómo ser John Malkovich", "Adaptation") con Michel Gondry (algunos de los mejores videoclips de siempre) fue como juntar lo mejor de cada casa para regalarnos una maravilla, de esas donde rescatas imágenes para el recuerdo, frases para el blog, momentos que rezuman verdad y motivos para querer llorar.


Dicen las estadísticas que el treinta y cinco por ciento soñamos con un amor de película, pero aquí no vemos eso, no hay beso final ni violines. Sólo una historia marcha atrás, hacia el inicio de todo, para descubrir el valor de las personas. Con un actor, Jim Carrey, que sabe contener con la misma brillantez con la que se excede. Con una actriz, Kate Winslet, que insiste en enamorarme en cada una de sus películas. Con un virtuosismo visual que nace de la mente de un genio, una banda sonora  que se repite en tu cabeza y un guión que rompe la continuidad para sumergirnos en el enredo de nuestros pensamientos.

Porque a veces deseamos no guardarnos aquello que nos hace daño. Y porque un recuerdo compartido siempre muestra dos lecturas. Pero todo aquello que vivimos nos construye, y querer olvidar es querer negar lo que vemos en el espejo. Consiste en abrirnos a lo bueno y reconocer en lo malo que no somos perfectos, que fue bonito, y que lo bonito es la suma de varias caras, porque fue real.

El momento

Ella se marcha por el pasillo. Herida. Él sale en su búsqueda, y le pide que espere, no sabe por qué, pero sólo quiere que espere. Un rato. Y ella dice "vale".

En ocasiones un "vale" es suficiente.

La frase

"Vuelve y al menos inventa una despedida. Finjamos que la tuvimos."

El diálogo

- No me cuentas nada, Joel. Yo soy un libro abierto... Te lo cuento todo. Cada puñetera y vergonzosa cosa. No confías en mi.
- Hablar sin cesar no significa comunicarse.
- Yo no hago eso. Quiero conocerte.
- Mmmm...
- ¡No hablo sin cesar! Joder, las personas deben compartir cosas. Eso es tener intimidad. Me cabrea mucho que hayas dicho eso de mí.
- Lo siento, es solo que mi vida no es muy interesante.
- Quiero leer los diarios en los que siempre garabateas, ¿qué escribes en ellos si no tienes ni ideas, ni pasiones ni... amor?

Nota

El título nace de un poema de Alexander Pope cuya estrofa queda traducida así:

¡Feliz es el destino de las vírgenes vestales! 
Pues olvidan el mundo y el mundo las olvida a ellas. 
¡Brillo eterno de la mente inmaculada! 
Cada oración aceptada y cada deseo renunciado.

domingo, 30 de enero de 2011

AzulOscuroCasiNegro


La película

La vi por primera vez bajo el peso inevitable de la culpabilidad, y aun así me hizo salir del patio con un agradable sabor de boca. Para mí eso es motivo más que suficiente para querer hablar de ella, pero aparte (y con el tiempo) creo firmemente que es una de las mejores películas que he visto en los últimos años.


Admiro desde su Física II o Exprés el talento de Sánchez Arévalo para hablarnos de personas normales y corrientes, de sus problemas y de sus miedos (que son los nuestros). Porque asumes sus frases, sus miradas y sus silencios como propios, y te imaginas esa misma vida en ti, viajando en un suave travelling para acabar en el plano exacto, con una suave melodía de fondo, para reconocer al término lo especial de eso que te está pasando. 

La película habla de peces de agua fría y de su inconformidad de estar en una simple pecera. Es un grito desde lo alto, un triángulo isósceles y un paso adelante que te empuja a vestir traje y asumir por primera vez las riendas de tu propia vida. Esa vida que sólo tú has elegido, y que sólo entonces reconoces como propia.

El momento

Jorge admitiendo que lleva toda la vida evitándola, ella no sorprendiéndose, y Madrid como telón de fondo.

Lo divertido vs. Lo más divertido

- Pues mi padre es maricón.
- Ya, como todos.
- Pero el mío más.

- Si te enrollas conmigo voy a pensar que es por el traje.
- Pues quítatelo.

Nota

Antonio de la Torre, un monstruo y para mí el actor del momento. Y el tándem Gutiérrez-Arévalo, del que espero muchas tardes de gloria.

domingo, 9 de enero de 2011

Once

La película

El cine a veces te ofrece pequeños milagros que superan cualquier expectativa inicial. Es el caso de una perla  diminuta labrada en Grafton St. (Dublín) y que de la noche a la mañana se lleva un Oscar a la mejor canción. 'Once' es eso, una canción, y si no quieres participar de su letra y de su voz desgarrada es probable que te deje más que indiferente. 


La película es una arriesgada apuesta de su director y guionista John Carney, que durante un par de años tocó el bajo en la banda irlandesa The Frames, fundada por Glen Hansard (protagonista de la historia). Carney nos cuenta una historia de amor directa, creíble y poco convencinal entre un artista callejero de Dublín y una vendedora de flores checa. Y lo hace con música.

No hay virtuosismos aquí. Sólo una gran interpretación más que honesta de actores no profesionales, un puñado de canciones que escarpan y una puesta en escena realista y muy cercana al cine más independiente británico: cámara en mano, planos largos y cercanos y algo de grano en la fotografía. 

El momento 

Me quedo con dos. 
  1. El plano secuencia en el que Marketa Irglová vuelve de noche leyendo la letra que acaba de escribir. 
  2. Ambos dejándose fantasear por escapar juntos a Londres.
El diálogo

- Es el último día, tomemos una taza de té, desayunaremos lo que sea juntos. Escuchamos el CD y te vas cuando quieras.
- ¿Para qué?
- ¿Qué importa para qué? Por estar juntos.
- Ya hemos acabado, ¿para qué voy a ir? Si voy sería para flirtear.
- (Risas). ¿Flirtear? No sería flirtear.
- Sabes que sí. Y sería bonito.
- ¿De veras?
- Muy tentador.
- ¿En serio?
- Pero sería inútil.

La canción 

'When your mind´s made up', aunque 'Say it to me now' pone los pelos de punta.

Nota

El doblaje al castellano es más que malo.

El porqué

En un centro universitario donde se calificaba muy por encima de lo merecido, mi profesor de Crítica Cinematográfica tuvo a bien darme una matrícula. De estas cosas que suceden para que se las cuentes a tus descendientes imaginarios. 

No escribía mejor que muchos, ni mi análisis era más incisivo que el de la mayoría. Mi mérito consistió fundamentalmente en mostrar interés en todas las películas que nos hizo ver, cosa que me salía así como algo natural, y en contarle que yo en verdad era ingeniero técnico, lo que convertía el estar allí escuchándole en una cuestión más cercana a una vocación tardía que a un capricho púber. Esto supongo me hizo sintonizar con él, ya que era biólogo de formación, y luego la vida te lleva por muchos caminos. Ayudó también hacerle caso cuando sugirió que una crítica era un juicio del alma más que otra cosa. No importaba por tanto que supiéramos mucho de planos, técnica narrativa o fotografía para saber si una película nos había o no gustado. Eso simplificaba mucho las cosas, imagino, así que me limité a mirarme por dentro y tratar de ver los motivos por los que algo me tocaba o me dejaba de tocar. No es difícil que algo me guste, por otra parte, soy un crítico fácilmente sobornable emocionalmente, quizá porque soy simple en esencia y valoro lo tremendamente difícil que es hacer nada que transmita una píldora de inquietud o adrenalina a otra persona. Muchos de los guiones que me ha tocado leer me han parecido vendibles, y casi todos han terminado en el cubo de la basura, así que aviso que mi criterio es poco menos que eso, basura.  

No se trata de adelantar una primera impresión de los estrenos que vendrán, lo siento. Se trata de demostrarme a mí mismo si en verdad valgo o no para esto, o si el biólogo se equivocó a la hora de valorarme. Se trata de contarme de nuevo por qué me quise robar dos horas y entregárselas a esa actriz o a esa banda sonora para que no me dejaran indiferente durante el resto de mi vida.